4. Sociedad: el final de las certezas (extracto)
Aparentemente no cambió nada en La Habana: la capital conservó su ambiente de metrópolis de provincia con sus pesadas bicicletas chinas que transportan a veces mujer y niños. Los colegiales siguen yendo a la escuela en su uniforme rojo de pionero y los alumnos de secundaria en su uniforme mostaza.
La juventud cubana da siempre esta imagen bien pulido por el régimen: una juventud sana y alfabetizada al 100% que hace la cola para comer hielos y apilarse en los cines del centro ciudad a dos pesos. Pero este barniz socialista tan agradable a observar para el viajero de paso se agrieta de por todas partes. La gravedad de la crisis económica rasgó un tejido social que había permitido hasta ahora de impedir el desarrollo de las taras que afectan a muchos de los países sub desarrollados: criminalidad, prostitución, falta de civismo hicieron una aparición brutal La Habana, incluso si permanecen bien aún en proporciones menos importantes que en el resto de América Latina. La juventud desconcertada busca su identidad en medio de un desastre económico que transformó en algunos años el "paraíso tropical" en infierno de la escasez. Criada en la esperanza de mejores días y acostumbrada a un poder omnipresente que redujo a la sociedad civil a nada, la juventud amenaza a la sociedad cubana de estallido por la crisis del socialismo.Esta quiebra del Estado permitió paradójicamente a los cubanos de tomar conciencia de ellos mismos: la Iglesia, los artistas, los jóvenes aprovecharon el fracaso del Leviathan para apoderarse de las minúsculas porciones de territorios dejados en erial por el poder. La espiritualidad, la música, la danza son tantos refugios contra la grisalla diaria, y que prosperan en una semi clandestinidad tolerada por las autoridades. La literatura intenta sobrevivir en este universo kafkaïen de autores vueltos a escoger entre una semi existencia oficial y la excomunión del exilio. Durante este tiempo la prensa al servicio del poder continua su monólogo populista y demagógico, rezando una fraseología antes revolucionaria, hoy totalmente vacia de sentido.

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